CARTAS DE LA CRIADA

Ya les conté cómo fue que vine a dar aquí, a la yusa.
Después de tanto tiempo aguantando en la casa del patrón, y luego la doñita con sus guirritas haciendo tiktok. Yo sin pago, sin el patrón y sin el niño Tony, pues dije, «me voy». Vendí las cositas que saqué de la casa y pagué a un coyote que me consiguió mi primo y que en el camino se quiso pasar de listo.
Llegué y me vine a la casa de una prima que pasaba subiendo fotos en Instagran, con carros y buena ropa..
Pero ya puesta aquí en la casa, me dì cuenta, que nada era como salía en el feis, que no había tanta alegría como nos hacía creer, porque ni tenía casa, ni tampoco el carro era todo de ella.
La prima me fue a traer al centro donde me detuvieron y en el camino, me dijo, que aquí se chambeaba, que ya me tenía contrato para limpiar casas, a cinco pesos la hora, ah pues yo dije, va estar bueno, voy a ganar en cuatro días lo que me daba el patrón.
Y así fue que llegué dónde la prima, bien quemada, porque el camino no fue fácil. Creí que iba a encontrar la cama y un cuarto para mí como me daban allá en Teguz, pero no, me tiraron al suelo, con una bolsa de esas dónde se meten los cipotes cuando van de campamento. Uy al día siguiente no podía mover nada, porque el piso estaba duro. Y nos llevaron a trabajar, a barrer, trapear y meter aspiradoras por todos lados. Desde que amaneció hasta que se hizo oscuro, yo ni tiempo de mandar una foto al Instagram tuve. El di se me fue rápido. Sin un respiro, nada que ver con aquéllos días de gloria en la casa del patrón, ahí tomábamos cafecito con pan, platicábamos cuando se iban los jefes y de vez en cuando hasta nos tirabamos a la piscina. Los patrones no tenían tiempo para disfrutar de su casita.
Y así me pasé diez días y me llegó mi primer pago, que no cayó del cielo como me habían dicho. Ay que días, más duros qu cuando la policía se llevó a mi jefe.
Y luego la prima que me dijo que todo el primer pago era para pagar los biles. Yo que no entendía de que hablaba la fregada esa, luego supe que me estaba cobrando la luz y el agua.
Me dijo que todo era caro y que yo tenía que ayudar. Me dejó como cien pesos que le mandé al primo que consiguió el coyote.
Y así, aquí estoy, quemada, con las manos peladas de tanto químico que toco, pensando en si el patrón vuelve, como dice la patrona, yo voy a regresar con ellos, aunque no paguen, porque al día de hoy no veo nada bueno. Pero me tomaré la foto con el carro del vecino para que digan que ya progresé y que mi abue y mi vieja no se preocupen tanto, porque todavía no sé, de dónde cae pisto del suelo por estas tierras…
Por GILDA SILVESTRUCCI

