Titulares

Pobladores matan a los reptiles por temor de morir en un ataque (2/2)

La presencia de cocodrilos mantiene inquietas a las comunidades ribereñas del río Goascorán y el Golfo de Fonseca.

Por Eris Gallegos

EL CUBULERO, Alianza, Valle. Momentos de pánico, y a veces de vida o muerte, viven los pobladores de este sector del sur del país frente a la invasión de cocodrilos, desplazados desde otras zonas por el desbordamiento brutal del río Goascorán a lo largo de la última década.

Los temores crecen en la comunidad ante el aumento de los avistamientos de estos depredadores, muy cerca de las viviendas y corrales, además de la poca información sobre el comportamiento, según le contaron varios vecinos a este rotativo.

El año pasado, dos niños fueron atacados mientras se bañaban en las pozas del río, una costumbre ancestral que la gente ha comenzado a reconsiderar. Con mayor frecuencia se han reportado ataques a vacas, lo que está obligando a la gente a tomar medidas de precaución o, en casos extremos, matarlos, anticipándose a un ataque mortal de los reptiles.

Por eso, los pobladores y autoridades locales le están pidiendo al gobierno mayor presencia en la zona, ya que, por ahora, funcionarios de la Secretaría de Recursos Naturales y del Ambiente (SERNA) únicamente llegaron a colocar unos rótulos de advertencia.

Rodil Gallegos en uno de sus frecuentes viajes por los esteros de la bahía El Chismuyo en el Golfo de Fonseca.

Convivir con el peligro

Al respecto, el presidente del Comité de Emergencia Municipal (CODEM), Rodil Gallegos, sugirió un plan inmediato para contener la invasión de esos depredadores, en vista que el verano apenas comienza y las pozas se están secando rápidamente.

A falta de comida y agua, teme, como piensa el resto de la comunidad, que ataquen al ganado, personas o se refugien en las casas cercanas, como se ha reportado en el Valle de Sula o sus alrededores. “Lo menos que puede pasar, es normalizar el riesgo, convivir con el peligro”, señala.

Rodil es un servidor comunitario y ha recorrido la zona de punta a punta, tanto en invierno como en verano, lo que le permite hablar con mucha propiedad sobre la degradación ambiental en el sector como resultado de las inundaciones cada año.

El caso de los cocodrilos, recalca, es todavía más preocupante porque se trata de una problemática nueva para las comunidades del municipio costeras al río y al mar.

En tiempos de inundaciones, le ha dado apoyo de evacuación a los damnificados y le ha servido de guía, en viajes en lanchas de motor, a los medios de comunicación de la capital que llegan a recoger sus historias.

Asegura que los nidos de esos reptiles abundan no solo en las pozas del río Goascorán, sino en los esteros de la bahía El Chismuyo, en sus tres variedades: caimán, cocodrilos y lagartos y por eso pide al gobierno tomar cartas en el asunto antes que la inquietante situación de la gente se salga de control.

Recordó que tanto en El Cubulero como la Costa de los Amates existen también fincas de camarones, un alimento natural del depredador y probablemente su próximo refugio cuando ya no tengan qué comer en las pozas.

Un motociclista cruza el vado “sumergible”, de la Costa de los Amates, en cuya poza, ahora, anidan los cocodrilos.

Caza furtiva

Otro que también está preocupado es el alcalde de Alianza, Faustino Manzanares, ya que, por tratarse de una problemática nueva no cuenta con los recursos profesionales para el manejo de estas especies.

Es necesario, dice, los rótulos de advertencia que colocó la Secretaría de Recursos Naturales, pero más importante es un sistema de monitoreo, vigilancia y seguimiento con expertos como biólogos y otros profesionales afines, lo que implica muchos recursos financieros, que su alcaldía no dispone.

Con esto, señala, no solo se traería seguridad y calma para los pobladores y sus bienes, sino también se evitaría la caza furtiva de reptiles, que ya ha comenzado, especialmente, entre pescadores, que ante el temor de ser atacados, prefieren matarlos cuando se topan con un ejemplar, si son pequeños.

Eso fue lo que le pasó a uno de estos trabajadores del mar, que ha pedido no citar su nombre por temor a represalias legales.

Conocedor de la bahía como la palma de su mano en sus casi 50 años de pescador, le contó a este periódico lo normal que se ha vuelto toparse con cocodrilos, enredados en sus redes o a las orillas de los manglares.

“Ya no se puede trabajar tranquilo, como antes”, dice. A veces, cuando una especie de esta se enreda en sus redes, dependiendo del tamaño, logra soltarlos, pero cuando son de regular tamaño ha tenido que matarlos para no ser atacado.

“Es complicado matarlos, pero se trata de un momento de vida o muerte”, subraya. Asegura también están llegando cazadores de otros sectores del departamento a cazarlos, vivos o muertos, para luego comercializarlos.

Los manglares son el hábitat de todo tipo de vida marina.

Expertos recomiendan campaña de educación
El biólogo de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Héctor Amador, explicó que los cocodrilos son animales muy importantes ya que desempeñan un papel crucial en los ecosistemas, como depredadores, para mantener un equilibrio. La presencia de cocodrilos puede ser un signo positivo para la salud del ecosistema.

Si bien son animales intimidantes, detalla, los ataques a seres humanos no son tan recurrentes, pero es necesario tomar precauciones y evitar riesgos, es decir, no nadar en zonas donde han sido avistados, especialmente, durante los horarios de mayor actividad para estos animales, que es al amanecer y al atardecer.

Recomienda también a las autoridades locales y nacionales, promover la educación ambiental en la comunidad, informar de los peligros y los riesgos, así como de las ventajas, como el turismo.

La tranquilidad de los pescadores ha sido perturbada por la presencia de los depredadores en su área de faena.

Se extingue el manglar
Las grandes inundaciones a lo largo de esta década están dejando también un desequilibrio en la flora y fauna, especialmente marina, por toda la bahía El Chismuyo y una afectación en general de la actividad agrícola y ganadera en la Costa de los Amates.

En un ligero recorrido de este rotativo, se pudo constatar, a simple vista, la actividad pesquera reducida, cultivos agrícolas destruidos, ganado reubicado, manzanas de tierras cultivables drenadas, cercos cortados y viviendas en reconstrucción antes que vuelvan las lluvias en mayo.

En el caso de los manglares, cada año aumenta su degradación por el desbordamiento del río, lo que antes no sucedía. Hectáreas de este bosque, donde vive todo tipo de vida marina, incluyendo el curil, se encuentra en peligro de extinción por los bancos de arena y el agua dulce que empuja el río.

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