
El arzobispo metropolitano de Tegucigalpa, monseñor José Vicente Nácher, manifestó que los pastores de la Iglesia deben transmitir esperanza, en la celebración de la Misa Crismal, ayer en la basílica de Suyapa.
Rodeado de la curia de la Arquidiócesis, el jerarca católico preguntó “¿quién es un sacerdote? Y ahí respondió: un sacerdote es un hombre bautizado, hay mucho más que decir, pero de ahí deben de partir todas las respuestas, un hombre maduro, por eso se exige una edad mínima de 25 años y bautizado”.
“Es una obviedad, pero fundamental. Se elige al candidato entre el pueblo de Dios, entre los bautizados. Partiendo de ahí, permítanme una respuesta: ¿quién es un sacerdote? Un sacerdote es un bautizado, que se lanza a la piscina de la vida y se sumerge cada vez de manera más profunda en las aguas bautismales”, definió.
Recordó que “el agua del bautismo purifica y da vida, ahoga la condición mundana de pecado y hace renacer a una vida totalmente nueva, por eso el sacerdote está en el mundo sin ser del mundo. Ser sacerdote, exige no solo conferir el bautismo, sino sumergirse profundamente en él”.

Dijo que “sumergidos en la fuente de la fe, el sacerdote desciende por los ríos de vida, ríos con corrientes fuertes, en las que navegan con valentía, sacerdotes que no se identifican con el mundo del consumo y la complacencia, sino con el del esfuerzo y a la esperanza”.
Monseñor Nácher habló de un sacerdocio por vocación, en el que la llamada se da desde adentro, cuando Dios habla al corazón de cada uno, no se le puede dar media respuesta, sino una respuesta del todo y para siempre.
Entre otras cosas, planteó que la consagración plena a Dios hace que la vida sea fructífera, ser totalmente de Dios y para los hermanos. Se convierten en signo de esperanza para las comunidades, esperanza que se escribe en un discurso completo. “La esperanza hay que formularla, pero, sobre todo, hay que encarnarla, por eso los fieles esperan de nosotros ministros, testigos de esperanza”, afirmó.
En la Misa Crismal se consagran los aceites sacramentales y la renovación de las promesas sacramentales de sacerdotes y diáconos.

