Titulares

Madres prostituían a sus hijas menores hasta con cuatro reos al día en Támara

La visita conyugal era lo más normal aquí. Mujeres llegaban a visitar a sus parejas en las fechas permitidas, pero otras, con el afán de obtener dinero, ofrecían a sus hijas a los reos para tener relaciones con ellos. Al menos unos 700 reos permanecían recluidos en el módulo de Sentenciados 1, dentro del Centro Penitenciario Nacional de Támara, al norte de la capital, que con los años se convirtió en un «hotel» de criminales.

El módulo de bloques está construido en dos niveles, con salida a las terrazas eran controladas por un grupo de internos, quienes hacían lucrativos negocios, utilizando las instalaciones como propias, sin que las autoridades les hicieran nada. Ellos decidían a quién meter y a quién no. Si se trata de mujeres, la mayoría pasaban con un objetivo: un encuentro sexual. Así se conoció tras el relato del coronel de ingeniería de combate Kalter Medina, director de la cárcel, antes de comenzar con el recorrido.

Medina contó que por muchos años se cometieron abusos en ese módulo contra menores de edad, algunas tenían 15 años, quienes llegaban con su mamá. Para entrar, ellas decían que iban a visitar a sus parejas, pero adentro la menor tenía relaciones hasta con cuatro hombres en un solo día a cambio de dinero. Esa no era la única excusa. Otras mujeres decían que iban a visitar a sus parejas, pero el objetivo era prestar servicios sexuales a los reos, ya que las visitas a los privados de libertad las recibían en los módulos y ellos se las llevaban a sus habitaciones.

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