Titulares

Privilegios de lo que gozaba algunos reos en Támara

Para ellos era mejor estar adentro que afuera, aquí gozaban de privilegios mayores que cuando estaban en libertad. En Támara llevaban una vida de lujos y placer

Mujeres, dinero y poder eran algunos de los muchos privilegios que gozaban los reos del primer módulo del Instituto Nacional Penitenciario en Támara. Aquí la vida era mejor que afuera, pues aunque estaban dentro de una cárcel, los lujos que tenían eran superiores a los que disfrutaban en su barrio. Dentro de un espacio de 2,000 metros cuadrados que habían creado los privados de libertad en el módulo de Sentenciados 1, dentro del Centro Penitenciario Nacional de Támara, al norte de la capital, se encontraba escondida una vida de lujos entre reos.

Recientemente, este mundo fue desmantelado por las autoridades. Ahora, la gente conoce cómo vivían estos reos, y aunque eran impresionantes las comodidades de las que gozaban, lo cierto es que los fétidos olores, la suciedad y el hacinamiento recordaban que seguían estando en prisión. 

Los baños, aunque visiblemente sucios, fueron lo más normal que pudo observar el equipo periodístico de investigación de este rotativo. Pues al adentrarse más allá, quedaba en evidencia lo cómodamente que vivían estos reos. Iniciando por el cuarto secreto de «placer» o como ellos le llamaban, «burdel». Mujeres entraban y decían que iban a visitar a sus parejas, pero el objetivo era prestar servicios sexuales a los reos. Una vez dentro, los privados de libertad las recibían en los módulos y ellos se las llevaban a sus habitaciones. 

En una de las paredes había una especie de pintura, semejaba a un privado de libertad teniendo relaciones sexuales con mujeres, a la par tenía una pistola y un fusil tipo AK-47, evidenciando lo que pasaba en el interior de los módulos.

Ahora, pasamos al lado de «entretenimiento». En un espacio se encontró una mesa de billar, donde los reos pasaban la mayor parte del tiempo. El uso de drogas, alcohol y demás no les faltaba aquí. En la terraza se desmanteló una especie de ‘salón VIP’ que tenía hasta baño privado. Ahí se realizaban fiestas con alcohol, mujeres, drogas y comida, a donde era prácticamente imposible acceder para los agentes penitenciarios.

Cuidar su físico no era algo secundario, pues también contaban con un gimnasio que, aunque estaba hecho con equipos de cemento y hierro, cumplía la misma función. También contaban con una barbería. La “ziza” costaba 20 lempiras, la barba 20, el corte normal 30, el corte con navaja 40 y las cejas 15, se anunciaba en los letreros dentro del módulo, con la advertencia en inglés “no credit”, es decir, no daban fiado.

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