“Es una noticia que nos llena de mucha alegría”, expresó Samanta Villanueva, de 32 años, una venezolana que vende dulces en distintos puntos de Tegucigalpa, luego de conocer sobre la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Estados Unidos.
“Estoy agradecida con Dios; después de tanto sufrir por fin creo que podemos regresar a mi Venezuela”, agregó, mientras sostenía un maltratado cartel en el que se presenta como “migrante venezolana”.
Villanueva recordó las vicisitudes que ha atravesado tras salir de su país natal, donde ya no tiene familia, “mi padre murió y al igual que yo todos mis hermanos emigraron”,
Ella salió de su país hace ocho años buscando el “sueño americano”, obligada por la falta de oportunidades y las distintas carencias que vivía; en el camino se enamoró y se convirtió en madre de dos pequeños que ahora la acompañan.

Cuenta que durante ese tiempo vivió una larga temporada en Chile, luego retomó el camino hacia el norte del continente para lo cual atravesó la peligrosa selva del Darién.
Hace algunos años tuvo un paso rápido por Honduras y Guatemala, hasta que logró llegar a México donde se estableció por unos años, pero fue deportada hace dos meses a territorio hondureño.
“Este viaje ha sido una pesadilla, y la luz en mi camino han sido mis hijos. Yo salí de mi país, por el hambre, porque no había oportunidad para los pobres, pero hoy nuestro país es libre, gracias a Dios”.
La joven venezolana asegura que cuando se enteró de la noticia sintió mucha alegría y nostalgia, al tiempo que recordó las distintas razones que la obligaron a salir de su país. Ahora piensa en poder encontrar un trabajo estable en Honduras.

Alegría y esperanza
“Es difícil seguir hacia adelante con mis hijos, y volver atrás sin alguien que me espera también es complicado. Aquí he encontrado personas buenas y otras no tanto, pero quiero trabajar”, apuntó.
“Quiero que mis hijos tengan las oportunidades que yo no pude tener en mi país, nos destruyeron Venezuela, pero Dios ha tenido piedad de nuestro pueblo”, manifestó. Pide una oportunidad de trabajo en Honduras.
En distintas calles, bulevares y avenidas de la capital hay venezolanos ofreciendo dulces o compartiendo su testimonio, pidiendo la colaboración de los hondureños.
Algunos tienen meses de haber salido de su país, otros que llevan años en el camino en busca del “sueño americano”.

Muchos venezolanos que se encuentran en Honduras han llegado a la frontera entre México y Estados Unidos, pero fueron retornados por las autoridades de migración.
“Aquí nació nuestra bebé, es hondureña. Hemos vivido de todo, pero nos alegra tanto esta noticia, no por la vida que le espera a Maduro, nos alegra porque volvemos con nuestra familia, a nuestra tierra”, señaló un joven venezolano, que no quiso identificarse, mientras sostenía a su hija en las cercanías del parque El Obelisco.
Su esposa dijo llamarse Yaneli. Ella comentó que junto a su esposo, salieron de su país rumbo a los Estados Unidos, pero fueron deportados desde México. Se instalaron en Tegucigalpa, pidiendo y ofreciendo dulces, para sobrevivir y pagar un lugar donde vivir.
“Estamos muy felices y contentos, queremos regresar a Venezuela. Nuestra familia nos llamó para darnos la noticia, yo dejé a mi madre y otro hijo en Venezuela”.
Esa familia que vive en el barrio La Bolsa, cada día sale a la calle con la esperanza de hacer algo para comer, pero ahora dijo que comenzará a ahorrar y a buscar los medios para regresar a su país.


